Fue uno de los impulsores del Movimiento de Renovación y Cambio y trabajó desde diferentes espacios por el fortalecimiento de la democracia y el desarrollo social; además tuvo una aguda mirada humanista y fue poseedor de una gran cultura, todas razones por las que el fallecimiento de Carlos Chertkoff provocó un inmenso vacío entre quienes lo conocieron.
Hijo de Lala y Juan Chertkoff, había nacido el 17 de agosto de 1923 en Capital Federal y creció junto a su hermano Mario. La familia se mudó a la ciudad de Corrientes donde completó la primaria y secundaria, luego estudió algunos años en Córdoba, pero finalmente completó la carrera universitaria en la UNLP de donde se graduó como escribano.
Carlos Chertkoff nutrió un fuerte compromiso con los ideales democráticos y en 1972 acompañó al ex presidente Raúl Alfonsín en el armado del Movimiento de Renovación y Cambio, la agrupación política interna de la Unión Cívica Radical.
También fue precandidato a intendente de la Ciudad y durante la presidencia de Arturo Illia promovió políticas vinculadas a la nacionalización de YPF.
Desde el retorno de la democracia, fue presidente de la Junta Central y, durante la gestión del gobernador Alejandro Armendáriz, fue Escribano General de Gobierno de la Provincia de Buenos Aires. En particular trabajó por la entrega de escrituras para que sectores de escasos recursos pudieran regularizar el estado de sus viviendas.
En otro orden, fue presidente del Banco Ciudad en La Plata y ocupó distintos cargos en el Colegio de Escribanos.
De gran formación humanística, expresó una gran afición al arte. Bajo su gestión en el Colegio de Escribanos promovió la presentación de artistas como China Zorrilla o las actuaciones de grupos como Opus Cuatro. También editó un libro que reunió trabajos del poeta Roberto Themis Speroni.
Como testigo de distintas épocas de la Argentina y protagonista de una vida colmada de experiencias, Carlos se transformó en un hombre de relatos cautivantes. Además fue muy respetado por sus valores y honestidad porque nunca se alejó de su objetivo de trabajar por el bien común y el crecimiento de la sociedad.
Junto a Elinor Lilien Rosenbaum formó una sólida familia que creció con la llegada de Lilien, su única hija, luego incorporó a sus afectos a su yerno Fernando Bravo Almonacid y tuvo la alegría de convertirse en abuelo de Sebastián.
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